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Realizar una maqueta: cómo saber si realmente la necesitas

Te voy a contar algo que a veces sorprende: no siempre recomendamos hacer una maqueta. Puede parecer extraño viniendo de alguien que se dedica precisamente a fabricarlas, pero es así. Hay proyectos en los que una maqueta aporta muchísimo y otros en los que apenas cambia nada.

Por eso, cuando alguien nos plantea realizar una maqueta, antes de hablar de escalas, materiales o acabados preferimos hacer una pregunta mucho más sencilla: ¿qué problema queremos resolver con ella?

Hay proyectos en los que una maqueta ayuda mucho y otros en los que sobra

Con los años aprendes a reconocer bastante rápido cuándo una maqueta puede ayudar a explicar un proyecto y cuándo probablemente estamos complicando algo que podría resolverse de otra manera.

Una maqueta merece la pena cuando hace más fácil entender, observar o explicar algo importante. Si un render, un vídeo o una presentación ya cumplen bien esa función, quizá no tenga sentido fabricarla. En este artículo vamos a revisar precisamente esos casos, incluidos aquellos en los que lo más sensato es no hacerla.

Maqueta urbanística

Una maqueta debe resolver un problema, no simplemente representar algo

Antes de hablar de escala o materiales, hay que saber qué debe explicar

Cuando nos llega un proyecto, es muy fácil empezar imaginando cómo podría quedar la maqueta. A nosotros también nos pasa. Pero con el tiempo hemos aprendido que las decisiones importantes vienen antes que los materiales o los acabados

Lo primero es saber qué queremos que entienda la persona que va a mirarla. Si esa respuesta está clara, después resulta mucho más sencillo decidir qué representar, cuánto detalle necesitamos y qué elementos podemos simplificar sin perder información.

Hacer una maqueta porque “quedará bien” casi nunca es una razón suficiente

Una maqueta puede ser atractiva, por supuesto, pero eso no debería ser el motivo principal para realizarla. Si solo buscamos llenar un espacio, decorar una presentación o reproducir fielmente algo que ya se entiende perfectamente de otra manera, quizá estamos utilizando una herramienta demasiado compleja para el problema que tenemos

Antes de realizar una maqueta preferimos preguntarnos qué va a aportar cuando alguien se coloque delante de ella. Si cuesta encontrar una respuesta concreta, merece la pena reconsiderar la idea.

Maquetas para stands 3

¿Cuándo merece la pena realizar una maqueta profesional?

Cuando necesitas entender el proyecto de un solo vistazo

Hay proyectos que en planos o renders se entienden bien por partes, pero cuesta ver cómo encaja todo. Nos pasa mucho con arquitectura, urbanismo, infraestructuras o instalaciones grandes. 

Ahí una maqueta puede aclarar mucho las cosas, porque permite ver al mismo tiempo volúmenes, distancias, recorridos y relaciones. Si esa visión conjunta es importante para comprender el proyecto, suele ser una buena razón para plantearse realizarla.

Cuando tienes que explicar un proceso que sobre el papel resulta complicado

Hay procesos industriales, energéticos o logísticos que pueden convertirse en un pequeño laberinto cuando intentamos explicarlos con esquemas. En esos casos, una maqueta puede ayudarnos a enseñar recorridos, conexiones o etapas de una forma bastante más intuitiva. 

La clave está en mostrar solo lo que ayuda a entender el proceso. No hace falta reproducirlo todo: muchas veces simplificar es precisamente lo que hace que funcione.

Cuando el objeto real es demasiado grande, está lejos o todavía no existe

Una planta industrial, un edificio, un parque energético o una infraestructura no siempre pueden enseñarse directamente a quien necesita conocerlos. A veces ni siquiera están construidos todavía. 

Una maqueta permite traer ese proyecto hasta la mesa, reducirlo a una escala manejable y decidir qué partes merece la pena mostrar. En ferias, reuniones o exposiciones, esa posibilidad puede ser mucho más útil que intentar explicar el conjunto mediante imágenes aisladas.

Cuando necesitas llamar la atención, pero hay algo importante que explicar después

En una feria o exposición, una maqueta puede hacer que alguien se detenga. Eso está bien, pero para nosotros nunca debería ser el único motivo para realizarla. 

Lo interesante empieza cuando esa atención sirve para explicar algo: cómo funciona un producto, qué ocupa una instalación o cómo se organiza un proyecto. 

Una de las cosas que más hemos aprendido haciendo maquetas es que casi siempre conviene quitar antes de añadir. Cuando un proyecto llega cargado de ideas, detalles y posibles interacciones, solemos preguntar qué debería entender una persona después de mirarlo unos minutos. Esa pregunta suele ordenar el proyecto bastante rápido. A veces descubrimos que hace falta una maqueta compleja; otras, que una solución mucho más sencilla explica exactamente lo mismo.

Stand de feria

¿Cuándo NO merece la pena realizar una maqueta profesional?

Cuando todavía no tienes claro qué quieres explicar

Este es probablemente el caso en el que más fácil resulta equivocarse. A veces la idea de hacer una maqueta aparece muy pronto y empezamos a hablar de tamaño, luces o acabados antes de tener claro qué queremos contar. 

Nosotros preferimos frenar ahí y ordenar primero el mensaje. Si no sabemos qué debería entender quien la vea, es difícil decidir qué merece la pena representar. Antes de realizar una maqueta, conviene definir bien el objetivo, el público y el contexto de uso.

Cuando el tiempo, la logística o el presupuesto obligan a hacerla peor de lo necesario

También hay proyectos en los que la maqueta tendría sentido, pero las condiciones no permiten hacer la que realmente necesita el proyecto. Un plazo demasiado corto, un transporte complicado o un presupuesto insuficiente pueden obligar a recortar justo en aquello que la hace útil. 

En esos casos preferimos replantear la solución antes que realizar una maqueta a medias. Una buena maqueta debería poder utilizarse durante bastante tiempo, transportarse con seguridad y seguir explicando bien el proyecto después de su primera presentación.

Cuanto cuesta una maqueta

Cinco preguntas antes de tomar la decisión

1. ¿Qué debe entender la persona que va a ver la maqueta?

Esta es la pregunta más importante. Antes de pensar en escala o materiales, define qué idea debe quedar clara. Si no sabemos qué tiene que explicar la maqueta, será muy difícil decidir qué debemos representar y qué podemos dejar fuera.

2. ¿Quién va a utilizarla o verla?

No explicamos igual un proyecto a un ingeniero que a un visitante de museo, un comprador o un responsable municipal. Conocer al público ayuda a decidir cuánto detalle necesita la maqueta y qué información debemos hacer más evidente.

3. ¿Dónde se va a utilizar?

Una maqueta para una sala permanente no tiene las mismas necesidades que otra destinada a ferias o reuniones comerciales. El espacio disponible, la distancia de observación, la iluminación y el número de personas alrededor pueden cambiar por completo cómo conviene plantearla.

4. ¿Cuánto tiempo queremos utilizarla y tendrá que desplazarse?

Hay maquetas que permanecen años en un mismo lugar y otras que viajan continuamente. Saberlo desde el principio permite elegir mejor estructura, materiales y protección. La duración y el transporte deberían formar parte del proyecto de la maqueta, no resolverse cuando ya está terminada.

5. ¿El presupuesto permite realizar la maqueta que realmente necesitamos?

Esta pregunta puede evitar bastantes problemas. Si el presupuesto obliga a eliminar justo aquello que hace útil la maqueta, quizá convenga replantearla. Preferimos una solución sencilla que explique bien el proyecto antes que una maqueta ambiciosa resuelta a medias.

maqueta topográfica terreno

Entonces, ¿merece la pena realizar una maqueta?

La respuesta está en lo que consigue explicar

Después de muchos proyectos, nosotros lo vemos bastante claro: una maqueta merece la pena cuando ayuda a entender algo que de otra forma costaría más explicar. Puede ser un espacio, un proceso, una instalación o la relación entre varias partes. 

No tiene que ser espectacular ni estar llena de tecnología. Tiene que ser útil. Si al realizar una maqueta conseguimos que alguien comprenda mejor el proyecto, entonces probablemente estamos tomando una buena decisión.

Y si no aporta nada nuevo, quizá sea mejor no hacerla

También hay que saber decir que no. Si un render, un vídeo o una presentación ya cuentan bien lo que necesitamos, realizar una maqueta puede complicar el proyecto sin aportar demasiado. 

Para nosotros, renunciar a una maqueta también puede ser una buena decisión. Lo importante no es acabar siempre construyendo algo, sino elegir el soporte que mejor ayuda a explicar el proyecto. Y esa decisión conviene tomarla antes de empezar a realizarla.

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